Una existencia monótona y aburrida como
la de Cha Tae-shik, el
dependiente de una casa de empeños de Seúl, puede ser resultado de una personalidad
abúlica o servir para escapar de un pasado que se intenta olvidar. En esta
ocasión, aunque el protagonista intenta sobrevivir a los oscuros
acontecimientos que tuvieron lugar en su vida años atrás, la relación que
comienza a tener con una niña que vive en su edificio, llamada Jung So-mi, será el principal motivo que le lleve a romper con esta monotonía y volver a ejercer sus habilidades como asesino.
A pesar de hacer todo lo posible por pasar desapercibido, encerrado en su mundo y utilizando su cabello para ocultar su rostro, So-mi es una niña solitaria que se fijará en él e intentará ser su amiga, tanto por curiosidad como por buscar un compañero que comparta su soledad ya que su madre no ocupa demasiado tiempo en atenderla.
Y es que a la madre de la niña, Hyo-jeong, le gusta complicarse la vida. Trabaja como bailarina exótica, y aprovechando su profesión perpetra un robo a personas a las que no es conveniente robar, a no ser que puedas desaparecer rápidamente sin dejar huella. El problema para Hyo-jeong es que tiene un lastre que le impide desaparecer, y ese lastre es su hija.
Cuando los mafiosos vengan a por So-mi y su madre, el hombre de la casa de empeños despertará de su estado abúlico para hacer todo lo posible por mantenerla a salvo, preocupándose por ella mucho más que su propia madre. La venganza será el desencadenante que despierte toda la violencia de Tae-shik, quien gracias a su adiestramiento es capaz de acabar él sólo con todo un ejército de mafiosos, y también provocará que, en flashback, se nos narre las razones que motivaron que Tae-shik huyese de su vida anterior para ocultarse en la casa de empeños.
El trabajo de su director y guionista, Lee Jeong-beom, es destacable, ya que las escenas de acción están muy bien ejecutadas, con una coreografía rápida, bien montada y desarrollada con planos y movimientos de cámara fluidos, en los que se aprecia el que viene siendo recurrente “estilo Matrix”, copiado hasta la saciedad en todo tipo de películas de acción. El ritmo narrativo es también muy ágil, pues combina sabiamente las escenas de desarrollo argumental con las de acción, que irán en aumento conforme avance la película, en un crescendo que logra mantener la atención del espectador sin aburrirnos.
Irene
A pesar de hacer todo lo posible por pasar desapercibido, encerrado en su mundo y utilizando su cabello para ocultar su rostro, So-mi es una niña solitaria que se fijará en él e intentará ser su amiga, tanto por curiosidad como por buscar un compañero que comparta su soledad ya que su madre no ocupa demasiado tiempo en atenderla.
Y es que a la madre de la niña, Hyo-jeong, le gusta complicarse la vida. Trabaja como bailarina exótica, y aprovechando su profesión perpetra un robo a personas a las que no es conveniente robar, a no ser que puedas desaparecer rápidamente sin dejar huella. El problema para Hyo-jeong es que tiene un lastre que le impide desaparecer, y ese lastre es su hija.
Cuando los mafiosos vengan a por So-mi y su madre, el hombre de la casa de empeños despertará de su estado abúlico para hacer todo lo posible por mantenerla a salvo, preocupándose por ella mucho más que su propia madre. La venganza será el desencadenante que despierte toda la violencia de Tae-shik, quien gracias a su adiestramiento es capaz de acabar él sólo con todo un ejército de mafiosos, y también provocará que, en flashback, se nos narre las razones que motivaron que Tae-shik huyese de su vida anterior para ocultarse en la casa de empeños.
El trabajo de su director y guionista, Lee Jeong-beom, es destacable, ya que las escenas de acción están muy bien ejecutadas, con una coreografía rápida, bien montada y desarrollada con planos y movimientos de cámara fluidos, en los que se aprecia el que viene siendo recurrente “estilo Matrix”, copiado hasta la saciedad en todo tipo de películas de acción. El ritmo narrativo es también muy ágil, pues combina sabiamente las escenas de desarrollo argumental con las de acción, que irán en aumento conforme avance la película, en un crescendo que logra mantener la atención del espectador sin aburrirnos.
Irene
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El hombre sin pasado que vive en el presente y no cree en el
futuro. Su vecina, una bailarina erótica, prostituta y drogadicta se buscará
problemas robando a unos traficantes su más valiosa mercancía. Su hija, una
pequeña y despierta niña que intenta descubrir el corazón del hombre sin
pasado, Tae-Shik el prestamista, con el pasará horas hasta que las dos mujeres serán
secuestradas por los traficantes que las usarán cómo comodín para lograr los
favores del prestamista. Los intereses de Tae-Shik se dirigen, sin embargo, en
otra dirección, entablando una guerra contra este clan, que no sólo se dedica
al tráfico de drogas. Para ello pondrá en jaque a toda la policía de la ciudad
que no logrará desvelar la identidad del hombre y lo que se oculta tras su profundo
silencio. Una estratagema echará un poco de luz sobre el asunto y lo que
parecía una lucha de rivales se desvelará como una venganza en la que se
concentrará el pasado desaparecido y enterrado de este hombre. Todo su dolor,
toda su rabia de unirán con el único cometido de rescatar a una niña que se ha
convertido en el único elemento que da sentido a una vida vacía y anulada por
los recuerdos, un afecto hasta ahora desconocido y rechazado que cómo cénit de
su existencia hará aflorar los sentimientos de una humanidad olvidada tiempo
atrás. Una historia marcada por un color predominante, el azul, un intenso azul
que nos trasmite la tristeza que caracteriza toda la obra, la crueldad del argumento,
la noche, el frío que envuelve a todos los personajes pero que también los
conectan con su lado más espiritual.
Silvia
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